Leyenda, los orígenes troyanos de los celtas
Nuestra historia se remonta a aproximadamente tres mil años atrás, cuando Odiseo, el héroe «fecundo en ardides», ideó la estratagema del caballo de madera. Los troyanos, a pesar de la advertencia del sacerdote Laocoonte —«Temo a los dánaos, incluso cuando traen regalos»—, cayeron en la trampa y introdujeron el fatídico regalo en la ciudad. Como consecuencia, los aqueos tomaron por asalto la imponente Troya, «ciudad de domadores de caballos», y pasaron a cuchillo a cuantos troyanos encontraron a su paso.
Sin embargo, entre el caos y la destrucción, un hombre logró escapar: Eneas, «aquel que pone en fuga a sus enemigos». Su madre, la diosa Afrodita (Venus para los romanos), le había advertido que no muriese como un troyano más, pues el destino le deparaba grandes empresas. Guiado por esta profecía, Eneas cargó sobre sus espaldas a su padre, Anquises, tomó de la mano a su hijo pequeño, Iulo o Ascanio, y partió al exilio junto a un grupo de leales compañeros —Acates, Sergeste, Acmón, Miseno y el médico Iapix— en una flota de veinte naves.
Tras una travesía llena de peripecias que los llevó desde Sicilia hasta Cartago —donde la reina Dido, enamorada de Eneas, se suicidó al verlo zarpar—, la comitiva troyana arribó por fin al Lacio, en la costa occidental de Italia. Remontaron el río Álbula, más tarde conocido como Tíber, y allí echaron raíces. Su hijo, Iulo o Ascanio, fundó la ciudad de Alba Longa, de cuyos descendientes —entre los que se cuentan Numitor, abuelo de Rómulo y Remo— surgiría una figura crucial para nuestra leyenda: Bruto de Troya, también llamado Bruto de Britania.

Oinochoe ático de figuras negras, ca. 520–510 a.c.
La invasión de Britania

Sociedad de anticuarios de Londres
A este Bruto se le apareció en sueños una divinidad que le instaba a viajar hacia unas «tierras verdes» —curiosamente, el nombre celta antiguo de Irlanda, Īueriō, significa etimológicamente «tierra fértil o verde»—. Junto a su camarada troyano Corineus y otros descendientes de los exiliados, Bruto emprendió el viaje. Su primera escala fue en la Galia, en la región de Civitas Turonum (la actual Tours), donde libraron una serie de batallas que cimentaron la amistad entre ambos hombres. Finalmente, decidieron cruzar el canal de la Mancha para conquistar aquellas tierras prometidas.
Desembarcaron en la actual Totnes, en el condado de Devon, donde hoy puede verse una piedra conmemorativa conocida como la Brutus Stone.
Una vez en la isla, se enfrentaron y lograron vencer a los gigantes que la habitaban, con una destacada actuación de Corineus. Según relata Godofredo de Monmouth en su Historia Regum Britanniae, tras la conquista, Bruto fundó, entre otras, una ciudad a la que llamó Trinovantum —la futura Londres—, nombre que, según el autor, procede de Troia Nova o «Nueva Troya». Bruto se coronó como el primer rey de los britanos y gobernó durante veintitrés años. A su muerte, dividió el reino entre sus tres hijos: a Locrinus le correspondió Prydein (Inglaterra); a Camber, Cymru (Gales); y a Albanactus, Alba (Escocia). Como reconocimiento a su lealtad y hazañas, su amigo Corineus recibió Curnow (Cornualles). Los hijos del rey pensaron que sería “honorable” desposar a la hija de Corineus, llamada Gwendolen. Locrinus, el mayor, se comprometió con la mujer mediante un tratado.
La invasión de los hunos
Sin embargo, mientras los preparativos nupciales estaban en marcha, un nuevo peligro surgió desde el norte: los hunos, liderados por Humber, habían desembarcado con ansias de conquista. Albanactus salió a su encuentro, pero fue masacrado con sus hombres.
Es fundamental aclarar que estos “hunos” no corresponden al pueblo nómada de Atila, que aparecería en Europa varios siglos después. Geoffrey de Monmouth, en su Historia Regum Britanniae, emplea el término de manera anacrónica y probablemente genérica para designar a un pueblo bárbaro y pagano procedente del continente. Los estudiosos sugieren que podría tratarse de una confusión: la similitud fonética entre “Jutos” (o “Iutos”) y “Hunos” pudo haber inducido un error en sus fuentes o en su propia interpretación. También es posible que se trate de una licencia literaria para referirse a una coalición de pueblos germánicos que amenazaban Britania desde el Mar del Norte. El nombre de su líder, Humber, quedó eternamente ligado al estuario donde encontró su fin.
La boda se suspendió y Locrinus marchó al norte para unirse a la defensa del reino. En lo que hoy es Lincolnshire, se libró una feroz batalla que culminó con la victoria britana. Humber, en su huida, cayó a un río y se ahogó, dando así su nombre a esas aguas. Entre los cautivos tras la contienda se encontraba Estrildis, la hija germana de Humber, de una belleza alta y rubia que hechizó a Locrinus. El rey decidió entonces que era ella, y no Gwendolen, con quien deseaba casarse.
Corineus, al enterarse, montó en cólera. Irrumpió en la corte de Locrinus con su ejército y, tras una violenta confrontación, obligó al rey a cumplir su promesa original. Locrinus accedió a regañadientes, pero, una vez casado con Gwendolen, ocultó a Estrildis y a la hija que tuvo con ella, fruto de su amor secreto, en unas cámaras subterráneas de Londres. La niña creció sin ver la luz del sol.
Siete años después, al fallecer Corineus, Locrinus creyó llegado el momento de vivir sin tapujos. Repudió a Gwendolen y sacó a Estrildis y a su hija de su encierro. La pálida niña, al principio ciega y asustada por la luz, pronto aprendió a amar el mundo exterior. Gwendolen, humillada y llena de ira, regresó a Cornualles y, valiéndose de artimañas políticas, arengó a sus seguidores con un grito de guerra: «¡vuelven los hunos!¡Bretaña debe ser salvada!».
Locrinus, consciente del peligro, partió con su ejército para enfrentarse a las fuerzas de Gwendolen antes de que se unieran a los galeses, llevando consigo a Estrildis y a su hija. El tiempo y la lluvia jugaron en su contra, y finalmente fue alcanzado por el ejército de su esposa en el lugar ahora conocido como Stourport-on-Severn. En la batalla subsiguiente, las fuerzas de Locrinus, agotadas y superadas en número, fueron derrotadas y él mismo encontró la muerte.
De la luz del sol al fondo del río
Estrildis y su hija fueron capturadas y llevadas ante Gwendolen, quien, sin piedad, ordenó que las arrojaran al río. Cuentan, no obstante, que los espíritus del lugar —las ninfas— se compadecieron de la niña y, al recibirla en sus brazos, la transformaron con un beso en una criatura de leyenda.
Se dice que los espíritus del lugar se apiadaron de la inocente niña y la aceptaron como una de los suyos. Mientras se hundía en las profundidades, la tomaron en sus brazos y le dieron la inmortalidad de los mitos.
Legado de la princesa ahogada

Ilustración de placa de Arthur Rackham para Comus de John Milton
Se cree que su nombre entre los britanos era Habrenna, mientras que para los galeses era Hafren. Los romanos la llamaron Sabrina, y es con este nombre que ha llegado a nosotros como la diosa del río Severn. Sabrina es una de las primeras deidades fluviales celtas documentadas, apareciendo ya en relatos del siglo II donde cabalga en un carro sobre las aguas, acompañada de delfines y salmones. Su estado de ánimo se refleja en el río, cuyas crecidas inundan con frecuencia las tierras bajas, desafiando incluso las modernas defensas.
El folclore local sostiene que su presencia se siente con mayor fuerza en las mañanas brumosas, cuando su espíritu emerge con la neblina que se eleva desde las praderas del valle, para retornar al agua cuando el sol disipa el velo. Durante siglos, las jóvenes doncellas han hecho ofrendas de flores a sus aguas, confiándole sus súplicas y deseos. Además, el río Severn, personificado por Sabrina, ejerció una función protectora, actuando como frontera natural entre los reinos britanos y los territorios anglosajones durante los turbulentos siglos de la Alta Edad Media. Los sajones, por su parte, dieron al río un nombre propio y ominoso: Unla, que es una contracción de su palabra para «desgracia».
Una detallada crónica esta leyenda es cantada por el bardo Lailoken ap Aneirin en mi novela La doncella del sauce
La narrativa que conecta a los celtas británicos con la épica troyana es el resultado de una larga evolución literaria, que entrelaza mitografía griega, poesía latina y la inventiva de los cronistas medievales. La siguiente bibliografía traza el recorrido de estos personajes y motivos a través de las fuentes.
Bibliografía y Fuentes de la Leyenda: Un Legado Literario de Troya a Britania
I. Los Cimientos Clásicos: Eneas y la Saga Troyana
- Ciclo Troyano (Grecia, siglos VIII-VII a.C.): El fundamento épico de toda la leyenda.
- Homero: La Ilíada (donde Eneas es presentado como un destacado héroe troyano, salvado por los dioses para un destino futuro) y La Odisea (que establece el contexto del saqueo de Troya).
- Obras Cíclicas: Fragmentos de la Ilíupersis («Saqueo de Troya»), la Ilias Parva de Lesques de Pirra y los resúmenes del Ciclo Troyano preservados por el gramático Eutiquio Proclo o el filósofo Proclo (s. II d.C.), detallaban la huida de Eneas.
Poesía y Mitografía Griega:
- Hesíodo: Teogonía (afianza el linaje divino de Eneas como hijo de Afrodita).
- Pseudo-Apolodoro: Biblioteca mitológica (ofrece una versión resumida y estandarizada del mito de Eneas).
II. La Consolidación Romana:
- Virgilio (70-19 a.C.): La Eneida. La epopeya fundacional por excelencia que establece el viaje de Eneas al Lacio y su destino como progenitor de Roma y según esta leyenda de Britania.
- Ovidio (43 a.C.-17 d.C.): Las Metamorfosis y Heroidas. VII, de Dido a Eneas. Amplían y humanizan la figura del héroe, popularizando su historia.
Geógrafos y Pausanias (siglos I-II d.C.):
- Estrabón: Geografía.
- Pausanias: Descripción de Grecia.
- Ambos recogen tradiciones locales y cultos relacionados con Eneas, atestiguando la difusión y variantes de su leyenda.
- Claudio Ptolomeo (c. 100-170 d.C.): Geografía. Obra fundamental para el conocimiento del mundo clásico. En su descripción de Britania, registra el nombre del río Severn como Σαβρίνα (Sabrina). Esta es la primera mención documentada del nombre y constituye la prueba más antigua de la personificación divina del río, demostrando que el culto a Sabrina era pre-romano o estaba muy arraigado en el siglo II.
- Un altar romano descubierto en Little Dean, cerca de la fuente del río Severn. Es llamado por estudiosos actuales cómo: Temple of Sabrina A nymphaeum to the nymphs of the Springs
II. El Transplante a Britania: Bruto y los Reyes Descendientes
- El Germen Histórico:
- Gildas (c. siglo VI): De Excidio et Conquestu Britanniae. Aunque no menciona a Bruto, proporciona el contexto histórico crucial de la Britania post-romana y las invasiones sajonas, estableciendo el telón de fondo sobre el cual se proyectarán las leyendas fundacionales.
- La Primera Mención de Bruto:
- Nennius (c. siglo IX): Historia Brittonum. Es la primera fuente escrita que menciona a Britto (Bruto) como descendiente de Eneas y epónimo de Britania, sentando el germen que Geoffrey de Monmouth explotaría.
- La Gran Síntesis Fundacional:
- Godofredo de Monmouth (c. 1100-1155): Historia Regum Britanniae («Historia de los Reyes de Britania»). Obra pivotal que transforma las breves referencias previas en una historia completa y estructurada. Es la fuente principal para Bruto, Corineus, la fundación de Troia Nova (Trinovantum/Londres), la división del reino entre Locrinus (Inglaterra), Camber (Gales) y Albanactus (Escocia), y la invasión del rey Humber.
- Roman d’Énéas (c. 1160): Adaptación anónima en francés antiguo de La Eneida, crucial para popularizar el mito en las cortes medievales norte-europeas y conectar la materia troyana con el mundo caballeresco.
- Reelaboraciones y críticas contemporáneas de Godofredo de Monmouth:
- William of Malmesbury (c. 1095-1143): Gesta Regum Anglorum. Historiador respetado que, siendo contemporáneo de Geoffrey, menciona la leyenda troyana de manera crítica y a veces contradictoria, mostrando su controversia temprana.
- Wace (c. 1110-1174): Roman de Brut (1155). Adaptación en anglo-normando de la obra de Geoffrey. Amplía episodios, añade detalles (como la Mesa Redonda) y fue instrumental en difundir la leyenda en la Europa continental.
- Layamon (c. siglo XII-XIII): Brut. Poema en inglés medio, basado en Wace. Representa la primera versión extensa de la leyenda en inglés, adaptando la historia de Bruto, Corineus y los hijos de Bruto para un público anglo-parlante.
- Fuentes Genealógicas y Crónicas Menores:
- Annales Cambriae (c. siglo X): Crónica galesa que contiene breves referencias a reyes y eventos que Geoffrey luego expandiría.
- Manuscritos Genealógicos Galeses: Como el Harleian MS 3859 (s. X) y el Jesus College MS 20 (s. XIII). Estos pedigrees buscan legitimar a la nobleza galesa conectándola con linajes antiguos, incluyendo a menudo a Bruto, Locrinus, Corineus y otros personajes de la leyenda, probando su circulación en tradiciones paralelas a la de Geoffrey.
- Liber Monstrorum (c. siglo VII-VIII): Texto latino que, en algunos manuscritos, combina listas de reyes y héroes británicos con criaturas fantásticas, reflejando la fusión entre la erudición y el mito en la Alta Edad Media.
Esta genealogía de fuentes demuestra cómo la leyenda no fue una invención de un solo hombre, sino un proceso colectivo de apropiación cultural, mediante el cual los reinos británicos se integraron en el prestigioso imaginario histórico del mundo clásico




8 Comments
Hector Malpica
Todas las historias de leyendas me encantan, te deseo exitos con éste proyecto, estaré siguiendo su evolución.
GUSS DES VAN AYALS
Gracias por tu comentario y tus buenos deseos. Por aquí mismo estaré informando al respecto
Mireya
Eres un Crack con tus historias!!
GUSS DES VAN AYALS
Gracias por comentar, intento hacer algo que valga la pena leer
Pingback:
GUSS DES VAN AYALS
Gracias por el Pingback
Iván Literatura
¡Qué interesante y bien narrada es esta leyenda sobre los orígenes troyanos de los celtas! Has capturado muy bien la esencia de los mitos y las leyendas que han pasado de generación en generación. Me encanta cómo entrelazas la historia de Troya con la fundación de Britania y el desarrollo del folclore británico. Además, la introducción de personajes como Eneas, Brutus y Corineus agrega profundidad y conexión histórica a la narrativa.
Tus descripciones vívidas y detalladas hacen que la historia cobre vida, y la forma en que mezclas elementos mitológicos con hechos históricos es muy efectiva. También me gusta cómo utilizas diferentes fuentes y referencias para enriquecer tu relato, lo que le da una sensación de autenticidad y profundidad.
En cuanto al estilo de escritura, es fluido y cautivador, lo que hace que sea muy agradable de leer. Me parece que has logrado un equilibrio muy bueno entre la narración y la descripción, lo que mantiene el interés del lector en todo momento.
En resumen, creo que has creado una historia fascinante que captura la imaginación y evoca el sentido de la aventura y el misterio. ¡Espero leer más de tus escritos en el futuro!
GUSS DES VAN AYALS
Muchas gracias Don Iván, por tu comentario y por las hermosas e interesantes palabras que dejas. Palabras que me mueven a continuar en esta ardua tarea de plasmar por escrito tantas historias que resuenan en mi cabeza. Un gran saludo.